La música en general, particularmente la pop, así como el cine comercial y la televisión nos han implantado una idea general del amor que, por un lado, resulta demasiado básica; romantizando de modo muy superficial algo tan complejo como es el amor y, por el otro, nos invita a creer en príncipes azules, mujeres sometidas, roles definidos, amores mágicos, instantáneos y eternos.