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La coyuntura está moviéndose de forma bastante acelerada, pues una vez cumplido el primer año de gobierno pareciera que las posiciones están empezando a aclararse. Y los diferentes actores ya no están preocupados por la opinión del pueblo, como se mostraron algunos luego del reventón de octubre.
Por un lado, tenemos un gobierno que ya derechamente está gobernando junto a los de los “30 años”, o sea tenemos un continuismo neoliberal con solo algunos matices sociales, pero manteniendo y profundizando los principios del modelo. Como muestra tenemos la ratificación del TPP-11, o la negativa a la condonación de las deudas con el CAE universitario; ni mencionar la situación de los presos políticos que, luego de una campaña mediática de desprestigio hacia los que luchan por cambiar este sistema, hoy tiene cerradas las puertas en el gobierno; o incluso la misma reforma a la jornada laboral, que parece más un apoyo a los empresarios que a los mismos trabajadores.
La patronal se encuentra en una ofensiva clara de destrucción de los derechos de los trabajadores, empujando reformas que les favorecen abiertamente, o deteniendo las reformas, como la tributaria que limitaría sus ganancias permitiendo financiar programas sociales necesarios para, al menos, atacar la desigualdad. Es esta misma patronal que ha financiado toda la campaña contra el proceso de reformas estructurales que se abrió luego de octubre de 2019 y es la que se siente ganadora luego del plebiscito de septiembre, y cree representar los intereses de la mayoría.
Del mismo modo tenemos una izquierda reformista que se ha consolidado como conservadora del modelo actual, y en sus dos vertientes, la parlamentaria y la social han decidido no incidir en transformaciones. Así las cosas, la parlamentaria ha optado por impulsar reformas que no han tenido el apoyo dentro de sus mismos sectores para generar leyes, y la social ha estado al margen de todo conflicto social, abandonando toda vocación de poder.
En el sector clasista, del mismo modo, cunde la desorientación, y no aparecen muchas opciones de unidad que puedan enfrentar a las fuerzas de la reacción que se encuentran instaladas en los distintos espacios políticos y sociales.
Con todo, el escenario es complejo y, pareciera, que de no haber un actor o coyuntura relevante, que la tendencia será la profundización del modelo, con el consiguiente costo para los trabajadores.
Para hablar de estos escenarios y sus problemas inherentes, hoy nos acompaña Leandro Torchio, dirigente de la Central Clasista de Trabajadores.
By Sute ChileLa coyuntura está moviéndose de forma bastante acelerada, pues una vez cumplido el primer año de gobierno pareciera que las posiciones están empezando a aclararse. Y los diferentes actores ya no están preocupados por la opinión del pueblo, como se mostraron algunos luego del reventón de octubre.
Por un lado, tenemos un gobierno que ya derechamente está gobernando junto a los de los “30 años”, o sea tenemos un continuismo neoliberal con solo algunos matices sociales, pero manteniendo y profundizando los principios del modelo. Como muestra tenemos la ratificación del TPP-11, o la negativa a la condonación de las deudas con el CAE universitario; ni mencionar la situación de los presos políticos que, luego de una campaña mediática de desprestigio hacia los que luchan por cambiar este sistema, hoy tiene cerradas las puertas en el gobierno; o incluso la misma reforma a la jornada laboral, que parece más un apoyo a los empresarios que a los mismos trabajadores.
La patronal se encuentra en una ofensiva clara de destrucción de los derechos de los trabajadores, empujando reformas que les favorecen abiertamente, o deteniendo las reformas, como la tributaria que limitaría sus ganancias permitiendo financiar programas sociales necesarios para, al menos, atacar la desigualdad. Es esta misma patronal que ha financiado toda la campaña contra el proceso de reformas estructurales que se abrió luego de octubre de 2019 y es la que se siente ganadora luego del plebiscito de septiembre, y cree representar los intereses de la mayoría.
Del mismo modo tenemos una izquierda reformista que se ha consolidado como conservadora del modelo actual, y en sus dos vertientes, la parlamentaria y la social han decidido no incidir en transformaciones. Así las cosas, la parlamentaria ha optado por impulsar reformas que no han tenido el apoyo dentro de sus mismos sectores para generar leyes, y la social ha estado al margen de todo conflicto social, abandonando toda vocación de poder.
En el sector clasista, del mismo modo, cunde la desorientación, y no aparecen muchas opciones de unidad que puedan enfrentar a las fuerzas de la reacción que se encuentran instaladas en los distintos espacios políticos y sociales.
Con todo, el escenario es complejo y, pareciera, que de no haber un actor o coyuntura relevante, que la tendencia será la profundización del modelo, con el consiguiente costo para los trabajadores.
Para hablar de estos escenarios y sus problemas inherentes, hoy nos acompaña Leandro Torchio, dirigente de la Central Clasista de Trabajadores.