La idea de unir el Mediterráneo con el Mar Rojo no nació en el siglo XIX. Su origen se
remonta a la antigüedad más remota, enmarcado en las ambiciones comerciales,
militares y políticas de civilizaciones que dominaron el valle del Nilo y la Península del
Sinaí. Aunque el Canal de Suez moderno es un logro de la ingeniería industrial, su
concepción simbólica y funcional bebe de una larga tradición de intentos hidráulicos
que, con distintos grados de éxito, buscaban acortar la ruta entre el Mediterráneo y el
océano Índico.