Jesús no entregó su vida hasta que hubo cumplido la obra que había venido a hacer, y con su último aliento exclamó: “Consumado es.” Había completado la obra que su Padre le había dado para que hiciera. De acuerdo con lo establecido, se había cumplido cada paso del plan de la redención forjado antes de la fundación del mundo. Satanás había fracasado en sus intentos de desbaratar ese plan.