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El texto para hoy es Juan 1:35–39. “El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. 36Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima”
En su opinión, ¿cuáles serían las razones por las que los discípulos decidieron seguir a Jesús? ¿Cómo respondió él a la curiosidad de ellos? ¿Qué habrán experimentado estos dos discípulos en ese primer día con Jesús?
Juan fue clave para que Jesús efectuara la transición de una vida privada a la exposición de un ministerio público. En el texto que examinamos en estos días encontramos testimonio de varios encuentros del Bautista con Jesús, y en cada uno de ellos él señaló a Jesús como el Ungido de Dios.
En el encuentro de hoy, el Bautista dirige sus comentarios sobre Jesús a dos de sus discípulos, quienes, impulsados por sus palabras, deciden seguirlo. La respuesta de ellos revela el tremendo potencial del testimonio de alguien en quien otros reconocen autoridad espiritual. El nivel de esta influencia depende del grado de confianza que el siervo haya cultivado con aquellos que le siguen. La confianza es el fruto del grado de compromiso que haya demostrado hacia sus seguidores, pero también descansa sobre la clase de vida que sigue. Cuanto más transparente y serio es en su caminar con el Señor, mayor peso tendrá su vida delante de aquellos con quienes la comparte.
Ningún líder debe utilizar con imprudencia esta influencia sobre la vida de los demás. Santiago advierte a muchos a no desear ser maestros, porque, como tales, serán juzgados con mayor severidad, pues no solo deberán rendir cuentas por sus propias vidas, sino también por las de aquellos que le fueron confiados. El que sirve al Señor con temor deberá ser recatado a la hora de hacer comentarios delante de aquellos sobre los que ejerce influencia, para que sus palabras no los lleven a tomar decisiones desacertadas.
Cuando los dos discípulos manifestaron a Jesús que deseaban saber dónde se hospedaba, él los invitó a acompañarlo para que vieran por sí mismos. La invitación consistía en mucho más que simplemente conocer la casa donde pasaba la noche. El Maestro les estaba ofreciendo la oportunidad de pasar tiempo con él, tiempo en el que, sin duda, podrían satisfacer la curiosidad y el interés que habían despertado en ellos los comentarios de Juan. Para muchos este será también el camino que deberán recorrer con Cristo. Él ofrece la oportunidad de que nos acerquemos a él para indagar acerca de su persona, sin incluir la presión que, en nuestro apuro, tantas veces ejercemos para asegurar que los que se acercan a Jesús decidan por él. Las conversiones que más perduran, según los resultados de estudios al respecto, son aquellas que fueron la culminación de un proceso, más que el fruto de un evento aislado.
Como el día estaba ya avanzado, los discípulos de Juan se quedaron esa noche con Jesús. Los evangelistas no nos ofrecen ningún dato de lo que compartieron en ese primer día juntos, pero podemos imaginar que estos ya comenzaban a percibir el irresistible atractivo del Hijo de Dios. Seguramente su cercanía a él también inquietó sus corazones, pues estaban en la presencia de aquel cuya vida poseía tal profundidad que no encontrarían en ninguna otra persona. Para ellos, la gran aventura comenzaba.
By Eduardo DíazEl texto para hoy es Juan 1:35–39. “El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. 36Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima”
En su opinión, ¿cuáles serían las razones por las que los discípulos decidieron seguir a Jesús? ¿Cómo respondió él a la curiosidad de ellos? ¿Qué habrán experimentado estos dos discípulos en ese primer día con Jesús?
Juan fue clave para que Jesús efectuara la transición de una vida privada a la exposición de un ministerio público. En el texto que examinamos en estos días encontramos testimonio de varios encuentros del Bautista con Jesús, y en cada uno de ellos él señaló a Jesús como el Ungido de Dios.
En el encuentro de hoy, el Bautista dirige sus comentarios sobre Jesús a dos de sus discípulos, quienes, impulsados por sus palabras, deciden seguirlo. La respuesta de ellos revela el tremendo potencial del testimonio de alguien en quien otros reconocen autoridad espiritual. El nivel de esta influencia depende del grado de confianza que el siervo haya cultivado con aquellos que le siguen. La confianza es el fruto del grado de compromiso que haya demostrado hacia sus seguidores, pero también descansa sobre la clase de vida que sigue. Cuanto más transparente y serio es en su caminar con el Señor, mayor peso tendrá su vida delante de aquellos con quienes la comparte.
Ningún líder debe utilizar con imprudencia esta influencia sobre la vida de los demás. Santiago advierte a muchos a no desear ser maestros, porque, como tales, serán juzgados con mayor severidad, pues no solo deberán rendir cuentas por sus propias vidas, sino también por las de aquellos que le fueron confiados. El que sirve al Señor con temor deberá ser recatado a la hora de hacer comentarios delante de aquellos sobre los que ejerce influencia, para que sus palabras no los lleven a tomar decisiones desacertadas.
Cuando los dos discípulos manifestaron a Jesús que deseaban saber dónde se hospedaba, él los invitó a acompañarlo para que vieran por sí mismos. La invitación consistía en mucho más que simplemente conocer la casa donde pasaba la noche. El Maestro les estaba ofreciendo la oportunidad de pasar tiempo con él, tiempo en el que, sin duda, podrían satisfacer la curiosidad y el interés que habían despertado en ellos los comentarios de Juan. Para muchos este será también el camino que deberán recorrer con Cristo. Él ofrece la oportunidad de que nos acerquemos a él para indagar acerca de su persona, sin incluir la presión que, en nuestro apuro, tantas veces ejercemos para asegurar que los que se acercan a Jesús decidan por él. Las conversiones que más perduran, según los resultados de estudios al respecto, son aquellas que fueron la culminación de un proceso, más que el fruto de un evento aislado.
Como el día estaba ya avanzado, los discípulos de Juan se quedaron esa noche con Jesús. Los evangelistas no nos ofrecen ningún dato de lo que compartieron en ese primer día juntos, pero podemos imaginar que estos ya comenzaban a percibir el irresistible atractivo del Hijo de Dios. Seguramente su cercanía a él también inquietó sus corazones, pues estaban en la presencia de aquel cuya vida poseía tal profundidad que no encontrarían en ninguna otra persona. Para ellos, la gran aventura comenzaba.