El mundo de contradicción social en el que vivimos solo es reflejo de nuestras propias contradicciones, porque la contradicción es parte sustancial de la esencia humana que, a veces, nos arrastra a la destrucción. Ejemplos de esta contradicción social en la que nos movemos es la incitación constante y nauseabunda para consumir aquellos que no necesitamos en el importado viernes negro o en las próximas navidades, mientras los científicos denuncia en la cumbre del clima al consumo desatado y febril, como causa fundamental de la crisis climática. De ahí que resulte fundamental un ejercicio de introspección personal y global, que pasa por asumir la necesidad de un cambio en el modelo energético y en el estilo de vida del despilfarro, y por redistribuir la riqueza. De no hacer lo así triunfarán aquellos a los que todo les da igual, con el riesgo de destruir el planeta y la propia vida.