Eran las 9 de la mañana de un domingo cualquiera, el niño, como todo domingo, fué y despertó a su madre con un beso y un abrazo, la madre se levantó nerviosa, asustada y sin saber cómo explicarle al niño que por haber estado en contacto con otros el día anterior debían respetar el distanciamiento también en casa, su padre (a quien le preocupaba menos esa situación) lo abrazaba cada vez que podía.