A la segunda fue la vencida. Ya con su primer disco un jovencísimo Carlos Santana había dado un puñetazo, más bien un guitarrazo, sobre la mesa del rock que se disponía entrar en la década de los años 70. Con Abraxas el hijo de un mariachi se convirtió de golpe en el número 1, con el disco más vendido del momento bajo el brazo, un éxito indiscutible que encontró la fórmula mágica para fusionar –mezclado, no agitado- el sabor latino con la fuerza de los riffs.