He notado en el paseo
como al andar entre calles
por donde andaban judíos
cristianos y esos mozárabes
de turbantes y chilabas,
¡cómo se me entrelazaban
los ojos de las mujeres,
los claveles de sus patios
y ese color azulgrana
del añil que da la tarde!
Córdoba la sultana,
por algo le tocan palmas
por todos sus andurriales
la alegría de sus gentes,
el color que dan las aguas
de ese Guadalquivir,
rozándola por la piel
de Califa, de Romana.
Ese Zoco y su Mezquita,
alimento de las almas
entre la historia que lleva
lágrimas y dolores
de perderla entre las flores
y recordarla mañana
bajo lagrimas de España.
Las placetas, los jardines
parecen rellanos hechos
por la gran mano de Dios
para descansar los hombres,
los ángeles, los querubines,
mas parece que sea el cielo
envuelto en la luz moruna
de esa Córdoba la llana
que da ese mes de abril,
creciendo por el trabajo
alentando los dolores
de los partos de sus hembras
de las mujeres valientes
de sus hombres los sudores
vertidos en el Genil.
Chema Muñoz ©