A fines del año pasado celebrábamos los 40 años de la vuelta a la democracia. Una democracia que fue ideológicamente de un extremo a otro, pero que también se movió entre el crecimiento y el derrumbe. La promesa cívica con la democracia se come, se educa y se sana, no se ha terminado de cumplir.
La denuncia contra el expresidente Alberto Fernández, por las agresiones y violencia psicológica y física, por parte de su exesposa, Fabiola Yáñez es el principal motivo de indignación.
Cuando se malversa la voluntad popular los sueños, los ideales, uno se pregunta, ¿por qué creímos en esto?
Mientras tanto, aquellos misóginos que han destruido y quieren destruir las políticas públicas en defensa de las mujeres, ahora se rasgan las vestiduras.
Aprovechando el impacto mediático de la denuncia de la ex primera dama, otros dos hechos que son una vergüenza nacional pasan desapercibidos.
Por un lado, la visita de diputados nacionales de la libertad Avanza a los represores que cumplen condena firme por delitos de lesa humanidad. Por otra parte, el Observatorio de la Deuda Social Argentina, de la Universidad Católica publicó que 1 de cada 5 argentinos es indigente y que el 55% está bajo la línea de pobreza durante el primer trimestre del 2024.