benzodiazepina

crear intimidad


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despierto como un gatito con movimientos torpes en busca de olor y piel: qué difícil es lograr intimidad, suspiro cuando, a los segundos, quizás un par de minutos, vuelvo a la consciencia abandonada por el sueño. soy una mujer de mediana edad sola en su cama, con un escritorio lleno de trabajo, libros pendientes y un lavaplatos hasta arriba de trastos

me gustan la libertad de mi vida adulta y el anonimato que da la ciudad. lo que no me gusta es despertar sin un olor que explorar, porque me hirieron y se vuelve difícil entregarme. los hombres a mi alrededor andan por las mismas. al menos, los que conozco. quizás no son una referencia: escritores, poetas. los que me caen mejor vienen de vuelta del psicoanálisis. los que me caen muy bien ya hicieron su recorrido por las benzodiacepinas: sólo Dios y el diablo saben qué puertas abren las estrellas verdes

una punta de la estrella me araña al despertar sin un olor ajeno en el que perderme

huérfana del subconsciente

bajar sin paracaídas

golpearme contra la imposibilidad, en este momento, de oler y buscar los rincones de otro cuerpo

no hay nada como fornicar en la madrugada tipo 5:30, cuando la noche se despide y los colores cambian rápido, pero con ceremonia. el ritmo del planeta reflejado en la piel de una que despierta para oler al otro, tocarlo suavemente para que su caída sea lenta. al menor atisbo de consciencia, meterle los dedos bajo la ropa interior. encontrar su masculinidad estirándose. escuchar la sonrisa que se le forma en la cara con el roce de mi pelo largo y despeinado sobre sus caderas. aspirar la esencia de su cuerpo entre las piernas, desde el ombligo hasta el ano. sentir el pequeño golpe eléctrico que lo termina de despertar

si no hay compatibilidad con ese olor, nada bueno saldrá de ahí

ni siquiera una aventura que contar, un texto

no valdrá la pena, menos la gloria

pero volvamos al sonido de sus huesos quitándose el sueño, los músculos recuperando la movilidad, la sangre abriéndose paso hacia su sexo, la humedad surcándolo, la boca que por primera vez en el día se abre para abrazarlo, lamer y terminar de despertarlo mientras sus dedos enredan aún más mi pelo, aprietan y tiran al ritmo de sus venas tensándose dentro de la boca, hasta que ya no hay resistencia ni sueño para subirse encima y galopar sobre su cuerpo que vuelve a estar sudado, brillante antes de escuchar los primeros sonidos del tráfico en la calle

explota dentro mío con los primeros bocinazos

me llena con su olor que seguiré sintiendo cada vez que vaya al baño en el trabajo

desea que camine por el cielo nuevamente: mete sus dedos en mi centro, los mueve, retoza, la piel se desprende, ya no lo escucho, pero sé que es él quien me lleva a una playa lejana, cálida, silenciosa, blanca la arena y la luz. deambulo sin necesidad de mi cuerpo, soy puro espíritu por un tiempo indeterminado, hasta que mi biología decide bajar con la respiración cortada, abro los ojos y su sonrisa me mira satisfecha

mete sus dedos en mi boca para que los limpie: sé que es una sumisión, pero me da lo mismo, que sea feliz, que crea que me controla. los cuerpos abrazados, las piernas entrelazadas y ese beso suave, elegante que crea la intimidad



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benzodiazepinaBy Valeria BarAhona