No existen productos caros o baratos, todo está en función de la relación del precio versus el beneficio que percibe nuestro cliente. Hay productos y servicios por los cuales estamos dispuestos a pagar más que por otros, les damos o restamos valor con base a nuestra satisfacción y entre más valor percibimos estamos dispuestos a pagar más.
Los competidores podrán argumentar el mismo valor percibido. La diferencia está en los detalles, en los procesos, los diseños, la especialización, los casos de éxito y en la forma como se entrega el servicio o en lo que representa el producto. La diferencia no está en el qué, sino en el cómo. El qué lo venden todos, el cómo es la gran diferencia.