Por naturaleza buscamos la seguridad, nos incomoda la incertidumbre, por lo tanto, pensar en cambiar requiere de una claridad y visibilidad de nuestras habilidades y experiencias y aún así, no encontramos garantía en hacerlo.
Hemos escuchado decir que todo cambio es bueno, pero ¿será realmente así?, la pregunta surge porque existe, en su mayoría, un gran porcentaje de incertidumbre, aún cuando los cambios sean planeados, los factores externos a nuestro plan, aquellos que no están en nuestras manos controlar, nos producen una sensación de incomodidad, de angustia, por aquello que pudiera suceder, y es esa sensación por la que en ocasiones no tomamos el riesgo a cambiar y nos quedamos en la zona más conocida, de confort, y buscamos justificar nuestra decisión.
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