La jactancia es un hábito carnal. Cuando se combina con religión, es una manifestación del orgullo religioso, el cual pasa como algo tan común entre los hombres pero tan detestable, delante del espíritu humilde del Todopoderoso.
Las formas externas vacías jamás podrán ser de agrado a Dios porque él examina el corazón del hombre. Él se deleita sobre los que lo adoran como es debido.