Muchas veces tenemos primero que creer para después ver como los hombres que han inventado algo a lo largo de la historia. Eso mismo sucede con Dios. Cuando le creemos, empezamos a ver su dirección. Cuando le entregamos nuestra vida, aunque no lo entendamos todo y todavía tengamos preguntas, es que comenzamos a vivir la vida cristiana en el nivel de la experiencia y no solo de la teoría.