Es ahora cuando la paz llega al ser,
cuando se han pagado y cobrado todas las cuitas,
cuando no existen espinas ni requiebros,
cuando se ha muerto del todo ese monstruo
que ansiaba arrebatar las alegrías
que solo traían rebabas a tu alma.
Alegrías que están y han estado siempre,
aunque hayan sido escondidas en las cuevas
para permanecer siempre alegres
a pesar de pesares insurrectos.
Pero se han muerto, porque las ha matado el egoísmo
de creerse dueños del abismo,
de creer que pueda gozarse sin amor el amor
en intento de suicidios.
Y se van para siempre, ya se fueron
los tiempos cuando todo era interior
y volvían del averno los momentos que nacieron
sin saberlo de lujurias parentales y de cuernos.
El bien ese que pesa por su peso
siempre se intenta, pero el mal aburre a las ovejas,
y se vuelven arrugas de las viejas que eran viejas ya
desde hace tiempo, ese tiempo de cambio de los tálamos
del que solo es culpable quien consiente
y arrastra como arrastra una serpiente a veces sin saberlo
a quien había sido siempre el inocente.
El Odio se engendra entre los tuyos
cuando has nacido entre odios de costumbre
que fueron hacia ti como una herrumbre,
es difícil llegar a destruirlos cuando has vivido
con la lumbre del odio entre las manos
de los que alimentaron tu crianza.