En 1 Samuel 27, David, sintiéndose perseguido por el rey Saúl, huye y se refugia con los filisteos, en Gat, bajo el rey Aquis. Allí, engaña a Aquis haciéndole creer que está atacando a los israelitas mientras realmente ataca a otros pueblos vecinos. A pesar de sus acciones cuestionables, Dios lo protege y lo guarda de la ira de Saúl.