Una importante exhortación de cara al modo de vivir la vida cristiana nos hace hoy Pablo, El Apóstol señala en qué consiste el «culto espiritual" (la traducción podría ser «culto razonable) que el creyente en Cristo ha de ofrecer. El culto del cristiano supone una experiencia concreta, de allí que la invitación paulina es «a presentar sus cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios". Se trata de hacer de la propia vida una ofrenda a Dios, pero no sólo con el esfuerzo de vivir de modo virtuoso sino en la unión íntima con Jesucristo, que permite que vivamos la vida de Jesús. El cristiano ha de vivir de tal manera, dejándose transformar por el Evangelio y la gracia de Cristo, que pudiera decir como san Pablo «ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí" (Gal 2, 20).