Llevamos días atrás viendo como cada vez más nuestro Gobierno pretende imponer su dosis de sectarismo y adoctrinamiento a la educación. Hace unos meses lo fue la Educación Secundaria Obligatoria, hoy es el turno del Bachillerato, donde una vez más se demuestra que lo que menos les importa a los políticos es la educación de los jóvenes en libertad, sino el afán de ensalzar la izquierda como única ideología posible.
No se imponen restricciones. La que debería ser la fase la fase decisiva de nuestras vidas, se ha convertido en un pase vip para acceder a la incompetencia profesional y educativa y convertir España en un país de auténticos zoquetes. Por no olvidar nuestra historia, que resulta que a partir de ahora todo lo ocurrido en España antes de 1812 parece no existir. Y las académicas del Ministerio de Igualdad nos están enseñando a hablar.
Esto se veía venir, cuando las falsas ideas del progresismo se camuflaban en la asignatura Valores Éticos, donde en mi instituto era “la asignatura chorra para los que no van a religión y encima, es fácil de aprobar”.
Habremos avanzado como sociedad, pero sobre todo lo hacemos en infravalorar nuestros estudios, nuestra gente, y en la capacidad de sacrificio por conseguir un futuro digno.