La muerte, lo único de lo que podemos estar seguros en la vida, el momento igualador de ricos y pobres, “el único final que no tiene final”, según Borges, “el único enemigo que no podemos vencer”, según Napoleón, “el mayor misterio de la vida”, según Einstein, “el último acto de nuestra vida”, según Shakespeare. Clichés y citas famosas sobre la muerte abundan. Y sin embargo, es un tema que, al menos en la cultura occidental, evitamos.
Es una relación ambigua. Nos rodeamos de ella. La vemos en las noticias, nos fascina en la ficción y en los documentales en streaming, le cantamos, le escribimos. Hasta que tenemos que enfrentarla.
Nadando en sentido contrario, varias iniciativas han buscado naturalizar la conversación sobre la muerte. En 1989, en Ginebra, Suiza, el sociólogo Bernard Crettaz organizó los Café Mortel, encuentros informales para propiciar una conversación sobre el tema y romper el tabú. Años más tarde, en 2011, en Londres, el psicólogo Jon Underwood y su madre, Sue Barsky Reid, hicieron lo propio con los Death Cafe, una “franquicia” que pronto empezaría a expandirse por el mundo. En Chile, quien siguió ese camino fue Matías Reeves. Ingeniero Civil, magíster en Filosofía Política y fundador de Educación 2020, Reeves se alió con el geriatra Jorge Browne y posteriormente la enfermera Verónica Rojas en lo que llamaron Proyecto Mokita, “aquello que no conocemos pero acordamos no hablar”, en idioma papú y organizaron sus propios Café de la Muerte, aunque cambiaron la cafeína por el vino tinto. La fórmula: desconocidos que se juntan a conversar sobre la muerte.
Es el punto de partida para “Memento Mori”, un contundente ensayo donde Matías Reeves no sólo recoge esa experiencia sino que también repasa lo que diversos autores, desde filósofos a científicos y escritores, han planteado sobre diferentes aspectos de aquello que hablamos tan poco.
¿Por qué tenemos que hablar sobre la muerte? O, para abusar de otro cliché, ¿de qué hablamos cuando hablamos de muerte? Hoy conversamos con Matías Reeves.