Lo dice La Tercera Domingo hoy, en un reportaje que nos lleva al corazón del hospital Hernán Henríquez de Temuco, una de las “zonas cero” del combate contra el Covid-19: la pelea contra la enfermedad es una guerra silenciosa, que por cierto tiene costos a nivel global, pero también personal. Y pocos grupos pagan esos costos más que los trabajadores de la salud. Siguiendo el razonamiento, si esta pandemia es una guerra silenciosa, ellos son la “primera línea” de lucha, quienes acompañan a los enfermos, los que están hasta los últimos momentos de quienes de otra forma fallecerían en completa soledad, y los que se llevan el peso de, día tras día, seguir viendo de primera mano los efectos de este virus, poniendo de paso en riesgo su propia salud y vidas.
Lo que pasa en Temuco pasa en todo Chile y a nivel global. Pocas autoridades lo saben con más propiedad que Boris Johnson. En una de las buenas noticias de la semana, el primer ministro británico dejó hoy el hospital donde estuvo desde el domingo pasado, reconociendo que hubo momentos donde su situación de salud pudo ir “de una forma o la otra”, y, por sobre todo, haciendo un gigantesco elogio a los trabajadores sanitarios, en un emotivo video de cinco minutos que marcó también su reaparición pública.
A nivel global, por cierto, la lucha continúa y se intensifica, con científicos buscando a contrarreloj maneras para sanar a los contagiados y prevenir las infecciones. Pero los números de casos y muertes continúan preocupando; en algunos casos, como Estados Unidos y Gran Bretaña, con alzas inquietantes, y en otros casos, como Italia y España, con bajas que comienzan a esperanzar sobre un momento en que el coronavirus no azote a dichos países con la brutal intensidad en que lo ha hecho durante las semanas previas.