El nuevo administrador apostólico de la iglesia de Santiago, Celestino Aós, asumió su cargo hace un mes con una difícil misión detener la crisis de la iglesia católica tras los escándalos por abusos sexuales de sacerdotes y las acusaciones de encubrimiento por parte de la cúpula durante años.
¿Es su llegada, como acusan los críticos, una apuesta mediática de la iglesia? ¿Cuánto puede hacer Aós por controlar una crisis histórica? ¿Qué tan pesada es la cruz del legado de sus antecesores?