En este episodio comparto una historia real que viví al inicio de mi carrera como bibliotecario. Una escena tan absurda como reveladora: un experto sugiriendo que ante el ruido en la biblioteca lo mejor era hacer un “¡Shhh!” rotundo… sin diálogo, sin contexto.
A partir de esa anécdota reflexiono sobre el silencio como mito, como herencia, como limitación… y sobre cómo las bibliotecas actuales deben transformarse en espacios vivos, donde el conocimiento no se susurra, se construye en voz alta.
🎧 La biblioteca ya no pide silencio. Pide participación.