¿Y si el camino que Dios “torció” no fue un castigo, sino misericordia?
En este mensaje profundo y lleno de esperanza, reflexionamos sobre cómo Dios, en Su amor, a veces interrumpe nuestros planes para corregir nuestro corazón. A través de la poderosa historia de Nabucodonosor en Daniel 4, descubrimos que el mayor peligro no es el fracaso, sino el éxito sin Dios.
Este cierre de año nos invita a mirar con nuevos ojos los procesos difíciles, entendiendo que muchas veces no son juicios, sino tratamientos divinos que buscan alinearnos con el propósito eterno. Dios no tuerce caminos para destruirnos, sino para restaurarnos, sanarnos y devolvernos la claridad, la identidad y el rumbo.
“Acepta el modo en que Dios hace las cosas, porque ¿quién puede enderezar lo que Él torció?” – Eclesiastés 7:13
Si sientes que este año fue repetitivo, doloroso o confuso, este mensaje es para ti. Levanta tus ojos al cielo, reconoce la obra de Dios y permite que Él enderece lo que realmente importa: tu corazón.
Dios sigue escribiendo tu historia. Tu final puede ser diferente.
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