(Romanos 12:2) En este episodio narró lo difícil del proceso de la pérdida de mi madre. Y como en ese momento la voluntad de Dios no me parecía nada buena, perfecta y agradable. Espero te sea de gran bendición aquí muestro una de las heridas más difíciles y como no siempre los milagros ocurren como los esperamos. Pero al final de la Jornada Dios seguirá siendo Dios, y aprendí a crecer y a creer aún más en medio del proceso. Porque en Dios nada se pierde.