La revolución científica transformó para siempre nuestra visión del universo. Durante siglos, el modelo geocéntrico de Aristóteles y Ptolomeo colocó a la Tierra en el centro del cosmos, respaldado por la tradición filosófica y la autoridad religiosa. Sin embargo, Copérnico propuso un sistema heliocéntrico que sería perfeccionado por Kepler con sus leyes del movimiento planetario y confirmado por Galileo mediante observaciones telescópicas sin precedentes.
El descubrimiento de montañas en la Luna y lunas orbitando Júpiter cuestionó la idea de cielos perfectos e inmutables, desatando un conflicto entre evidencia empírica y dogma. Finalmente, Newton proporcionó el fundamento físico con la ley de la gravitación universal, consolidando el modelo centrado en el Sol y redefiniendo la ciencia moderna.