Todavía hoy resulta imposible desprender de la memoria aquel sonido de las sirenas, cuando hace 18 años un sobresalto de catástrofe hacía que un pueblo entero despertara en plena madrugada con una misma pesadilla: “Se va la presa, hay una grieta en la cortina de la Lebrije”, gritaban casa por casa los delegados del Poder Popular, los dirigentes, los vecinos; aun cuando se decía que el aluvión resultaba inminente, los moradores de Jatibonico supieron poner a prueba su capacidad movilizativa y a las seis de la mañana aguas abajo del embalse todo era un desierto.