El origen de estas dos figuras se pierde más allá de la historia, en una zona donde el mito recuerda. Alain Daniélou, ese francés imposible que vivió veinte años en Benarés y se atrevió a decir lo que los académicos susurraban, sostuvo algo que incomoda: Shiva y Dionisos jamás fueron divinidades distintas. Son una misma presencia manifestada en territorios diferentes, adaptada a lenguas, climas y pueblos diversos, fiel a un mismo núcleo. Jamás se trata de una comparación erudita. Es el reconocimiento de una continuidad arcaica.