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En este paso del Camino Cuaresmal seguimos reflexionando sobre las enfermedades de la esperanza y hoy meditamos sobre una muy cercana al pesimismo, pero más interior: el desánimo espiritual.
Nos detenemos a mirar esa experiencia de cansancio interior, de falta de motivación y de pérdida de fuerza en el camino espiritual. Descubrimos cómo, después de intentos, luchas y caídas, puede aparecer una pregunta silenciosa: “¿Para qué seguir?”, y poco a poco el corazón se va apagando.
A la luz del pasaje de los discípulos de Emaús, comprendemos que el desánimo no siempre nos hace abandonar, sino que muchas veces nos hace seguir caminando… pero sin esperanza. La fe permanece, pero pierde su fuerza.
Esta meditación nos recuerda una verdad profundamente consoladora: Jesús no abandona a los corazones desanimados. Se acerca, camina con nosotros y vuelve a encender el corazón.
Caminamos juntos pidiendo la gracia de no dejarnos vencer por el desánimo, confiando en que, incluso cuando sentimos que ya no podemos más, Dios sigue caminando a nuestro lado y puede renovar nuestra esperanza.
By Rodrigo Fernández de Castro de LeónEn este paso del Camino Cuaresmal seguimos reflexionando sobre las enfermedades de la esperanza y hoy meditamos sobre una muy cercana al pesimismo, pero más interior: el desánimo espiritual.
Nos detenemos a mirar esa experiencia de cansancio interior, de falta de motivación y de pérdida de fuerza en el camino espiritual. Descubrimos cómo, después de intentos, luchas y caídas, puede aparecer una pregunta silenciosa: “¿Para qué seguir?”, y poco a poco el corazón se va apagando.
A la luz del pasaje de los discípulos de Emaús, comprendemos que el desánimo no siempre nos hace abandonar, sino que muchas veces nos hace seguir caminando… pero sin esperanza. La fe permanece, pero pierde su fuerza.
Esta meditación nos recuerda una verdad profundamente consoladora: Jesús no abandona a los corazones desanimados. Se acerca, camina con nosotros y vuelve a encender el corazón.
Caminamos juntos pidiendo la gracia de no dejarnos vencer por el desánimo, confiando en que, incluso cuando sentimos que ya no podemos más, Dios sigue caminando a nuestro lado y puede renovar nuestra esperanza.