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En este paso del Camino Cuaresmal seguimos profundizando en las enfermedades de la esperanza y hoy reflexionamos sobre el extremo contrario de la autosuficiencia espiritual: la inseguridad espiritual.
Nos detenemos a mirar esa actitud interior que nos lleva a pensar “no puedo”, “no soy capaz” o “esto no es para mí”, y que, aunque hablemos de confiar en Dios, en el fondo nos paraliza y nos impide dar pasos. Descubrimos que la verdadera confianza no consiste en anularnos, sino en creer que Dios puede actuar en nosotros y con nosotros.
A la luz de las historias de Moisés y Jeremías, comprendemos que Dios no niega nuestra fragilidad, pero tampoco permite que se convierta en excusa. Él no nos pide perfección, sino disponibilidad.
Esta meditación nos invita a revisar si estamos usando nuestros límites como pretexto para no avanzar. Caminamos juntos pidiendo la gracia de una humildad verdadera: reconocer nuestra debilidad, pero al mismo tiempo confiar en que Dios está con nosotros y puede hacer grandes cosas a través de un corazón dispuesto.
By Rodrigo Fernández de Castro de LeónEn este paso del Camino Cuaresmal seguimos profundizando en las enfermedades de la esperanza y hoy reflexionamos sobre el extremo contrario de la autosuficiencia espiritual: la inseguridad espiritual.
Nos detenemos a mirar esa actitud interior que nos lleva a pensar “no puedo”, “no soy capaz” o “esto no es para mí”, y que, aunque hablemos de confiar en Dios, en el fondo nos paraliza y nos impide dar pasos. Descubrimos que la verdadera confianza no consiste en anularnos, sino en creer que Dios puede actuar en nosotros y con nosotros.
A la luz de las historias de Moisés y Jeremías, comprendemos que Dios no niega nuestra fragilidad, pero tampoco permite que se convierta en excusa. Él no nos pide perfección, sino disponibilidad.
Esta meditación nos invita a revisar si estamos usando nuestros límites como pretexto para no avanzar. Caminamos juntos pidiendo la gracia de una humildad verdadera: reconocer nuestra debilidad, pero al mismo tiempo confiar en que Dios está con nosotros y puede hacer grandes cosas a través de un corazón dispuesto.