
Sign up to save your podcasts
Or


En este nuevo paso del Camino Cuaresmal comenzamos el último bloque de reflexiones: las enfermedades del amor. Después de haber recorrido distintos aspectos de la vida espiritual, llegamos a lo esencial: amar, porque al final, la vida cristiana se resume en eso.
Hoy reflexionamos sobre una enfermedad muy humana y frecuente: el amor selectivo. Nos detenemos a mirar cómo podemos amar, ser generosos y cercanos… pero solo con ciertas personas: aquellas que nos caen bien, que piensan como nosotros o con quienes sentimos afinidad.
A la luz del Evangelio —“si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen?”— descubrimos que el amor cristiano comienza precisamente cuando damos un paso más allá de lo fácil, cuando aprendemos a amar también a quienes nos cuestan, a quienes no elegiríamos naturalmente.
Esta meditación nos invita a revisar si nuestro amor sigue siendo condicionado o si está creciendo hacia un amor más universal, más parecido al de Cristo. Caminamos juntos pidiendo la gracia de amar no solo por afinidad, sino por identidad, reconociendo en cada persona a un hijo de Dios.
By Rodrigo Fernández de Castro de LeónEn este nuevo paso del Camino Cuaresmal comenzamos el último bloque de reflexiones: las enfermedades del amor. Después de haber recorrido distintos aspectos de la vida espiritual, llegamos a lo esencial: amar, porque al final, la vida cristiana se resume en eso.
Hoy reflexionamos sobre una enfermedad muy humana y frecuente: el amor selectivo. Nos detenemos a mirar cómo podemos amar, ser generosos y cercanos… pero solo con ciertas personas: aquellas que nos caen bien, que piensan como nosotros o con quienes sentimos afinidad.
A la luz del Evangelio —“si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen?”— descubrimos que el amor cristiano comienza precisamente cuando damos un paso más allá de lo fácil, cuando aprendemos a amar también a quienes nos cuestan, a quienes no elegiríamos naturalmente.
Esta meditación nos invita a revisar si nuestro amor sigue siendo condicionado o si está creciendo hacia un amor más universal, más parecido al de Cristo. Caminamos juntos pidiendo la gracia de amar no solo por afinidad, sino por identidad, reconociendo en cada persona a un hijo de Dios.