Cuidado conmigo que te llevo viendo venir desde antes de que decidieras intentarlo. Cuidado con mis ojos, que se cierran a lo malo. Cuidado con mis labios, que les gusta ser mordidos, pero no engañados. Cuidado con mi cuello, que se retuerce ante tu boca, pero sabe girar para mirar para otro lado. Cuidado con mis manos, que a la mentira le sacan el dedo del medio sin pensarlo. Cuidado con mi pecho, que igual que se acelera he aprendido a frenarlo. Cuidado con mi cintura, que en un vaivèn, se va y te deja preguntándote el como, el porquè y el cuando. Cuidado con intentar romperme, que yo he aprendido a convivir con el dolor, pero tú tendrás que convivir con el olvido. No quieras conocer mi veneno, no juegues con una pitón, o entenderás que solo eres una abeja y tu dolor termina sanando, pero el veneno de un corazón que se hundió y siguió latiendo, no lo curan el tiempo ni otros labios.
No juegues con gente que ya se ha roto,
que te puedes cortar con nosotros.
No juegues a esto,
que si quieres hacerme daño,
te beso,
te rompo,
y me marcho.
Ya sabes del ojo por ojo,
y los que ya quedamos ciegos
somos los más peligrosos,
porque hemos aprendido,
sin mirar,
a no dejarnos hacer daño.
Y no, cariño, no soy malo.
Es que el diablo sabe más por roto,
que por diablo.