A través de la parábola del mayordomo infiel, Jesús nos enseña sobre nuestra relación con el dinero. Algunos caen en la tentación de malgastarlo, usarlo sin sagacidad, y otros se atreven a ponerlo en el lugar que solo le corresponde a Dios. Sin embargo, el Señor nos recuerda que lo valioso está en lo eterno, y en apreciar lo que Dios nos da, no solo en esta vida temporal, sino en la salvación que dura para siempre.