Se puede hipotetizar con el hecho de que esta actividad sea tan antigua como el hombre mismo, puesto que desde sus orígenes, éste se vio obligado a interactuar con ríos, lagos y mares por motivos de subsistencia como encontrar alimentos, materias primas, escapar de enemigos o emigrar de unas tierras a otras e, incluso, cabe la posibilidad de que se introdujeran en el agua por placer.