
Sign up to save your podcasts
Or


Curro Albaicín, nacido en 1948 en una cueva del barrio del Sacromonte, es mucho más que un bailaor flamenco: es un embajador de la cultura gitana, un defensor de la libertad y una voz que no ha dejado de recitar a Federico García Lorca, incluso cuando hacerlo podía costar la vida.
Criado entre zambras, guitarras y pobreza, Curro vivió de niño la devastadora inundación de 1963, un episodio que llama “el Holocausto gitano”: “Nos echaron a porrazos de nuestras cuevas, sin agua, sin luz, sin destino”, recuerda. Esa violencia marcó su carácter rebelde y su deseo de resurgir desde las cenizas.
La conexión entre Curro Albaicín y Lorca: arte frente a la represiónLa vida de Curro Albaicín cambió para siempre cuando, con 13 años, unos argentinos le regalaron un ejemplar del Romancero Gitano. Ese fue el inicio de una obsesión poética y vital con Federico García Lorca, al que considera un mártir: “Le hice un altar en mi cueva y cada noche le recitaba”. Pero ese amor por Lorca casi le cuesta la vida: “Entraron en mi casa, me pegaron un tiro a bocajarro y me gritaron: ‘ya no vas a recitar nunca más a Lorca’”.
Durante la dictadura, ser gitano y homosexual lo convertía en blanco fácil. Sin embargo, Curro nunca se rindió. Tras la muerte de Franco, impulsó la Velada Flamenca en Víznar, un homenaje íntimo a Lorca que aún hoy se celebra como un acto de memoria y resistencia.
Flamenco, lucha y legado: el arte de vivir siendo Curro AlbaicínPese a que incluso su madre se oponía a que fuese artista, Curro Albaicín logró abrir su propio tablao, desde donde difundió el arte del Sacromonte por todo el mundo. Fue entonces cuando empezó a recitar públicamente a Lorca, cuando aún estaba prohibido hablar del poeta en Granada. El apodo de "Albaicín" le llegó trabajando en el teatro Rey Chico, y desde entonces, lo lleva como estandarte.
“Lorca entendía la esencia de mi barrio”, afirma Curro, que encuentra en poemas como Alboreá la pureza de su tierra: “Ole salero que ha llovío”. Para él, Federico sigue vivo en cada verso y en cada gesto flamenco.
Esta noche, Curro Albaicín volverá a recitar a LorcaHoy, Curro Albaicín participa en la obra Llámame Lorca, dirigida por Manuel Liñán, donde vuelve a rendir tributo al poeta que marcó su vida. Preguntado por Aitana Ocaña sobre qué pensaría Lorca si lo viera actuar esta noche, responde emocionado: “Seguro que me guiña un ojo desde el patio de butacas”.
By Curro Albaicín, nacido en 1948 en una cueva del barrio del Sacromonte, es mucho más que un bailaor flamenco: es un embajador de la cultura gitana, un defensor de la libertad y una voz que no ha dejado de recitar a Federico García Lorca, incluso cuando hacerlo podía costar la vida.
Criado entre zambras, guitarras y pobreza, Curro vivió de niño la devastadora inundación de 1963, un episodio que llama “el Holocausto gitano”: “Nos echaron a porrazos de nuestras cuevas, sin agua, sin luz, sin destino”, recuerda. Esa violencia marcó su carácter rebelde y su deseo de resurgir desde las cenizas.
La conexión entre Curro Albaicín y Lorca: arte frente a la represiónLa vida de Curro Albaicín cambió para siempre cuando, con 13 años, unos argentinos le regalaron un ejemplar del Romancero Gitano. Ese fue el inicio de una obsesión poética y vital con Federico García Lorca, al que considera un mártir: “Le hice un altar en mi cueva y cada noche le recitaba”. Pero ese amor por Lorca casi le cuesta la vida: “Entraron en mi casa, me pegaron un tiro a bocajarro y me gritaron: ‘ya no vas a recitar nunca más a Lorca’”.
Durante la dictadura, ser gitano y homosexual lo convertía en blanco fácil. Sin embargo, Curro nunca se rindió. Tras la muerte de Franco, impulsó la Velada Flamenca en Víznar, un homenaje íntimo a Lorca que aún hoy se celebra como un acto de memoria y resistencia.
Flamenco, lucha y legado: el arte de vivir siendo Curro AlbaicínPese a que incluso su madre se oponía a que fuese artista, Curro Albaicín logró abrir su propio tablao, desde donde difundió el arte del Sacromonte por todo el mundo. Fue entonces cuando empezó a recitar públicamente a Lorca, cuando aún estaba prohibido hablar del poeta en Granada. El apodo de "Albaicín" le llegó trabajando en el teatro Rey Chico, y desde entonces, lo lleva como estandarte.
“Lorca entendía la esencia de mi barrio”, afirma Curro, que encuentra en poemas como Alboreá la pureza de su tierra: “Ole salero que ha llovío”. Para él, Federico sigue vivo en cada verso y en cada gesto flamenco.
Esta noche, Curro Albaicín volverá a recitar a LorcaHoy, Curro Albaicín participa en la obra Llámame Lorca, dirigida por Manuel Liñán, donde vuelve a rendir tributo al poeta que marcó su vida. Preguntado por Aitana Ocaña sobre qué pensaría Lorca si lo viera actuar esta noche, responde emocionado: “Seguro que me guiña un ojo desde el patio de butacas”.