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De voz ronca, inquieta y malhablada, Damaris era el alma de la fiesta. Le encantaba bailar desde cumbias colombianas hasta danza folklórica y cantar Los Huracanes del Norte y Selena con su familia y amigxs. A sus 25 años ya había comprado una casa y soñaba convertirla en un restaurante con su madre, Juany. Aunque Brenda Damaris también tenía buena mano, nada se comparaba con el menudo de su mamá: se servía al menos dos veces cuando Doña Juany lo hacía.
Antes de llegar al edificio Latino en el centro de Monterrey, su cara está en el centro de un mural conmemorando a la víctimas de feminicidio del año. Brenda Damaris González Solís tiene una familia, un acta de nacimiento, un hijo y una vida que merece ser recordada en voz de su madre, Juany, que nos cuenta quién fue y qué nos deja.
By Ellas Viven AquíDe voz ronca, inquieta y malhablada, Damaris era el alma de la fiesta. Le encantaba bailar desde cumbias colombianas hasta danza folklórica y cantar Los Huracanes del Norte y Selena con su familia y amigxs. A sus 25 años ya había comprado una casa y soñaba convertirla en un restaurante con su madre, Juany. Aunque Brenda Damaris también tenía buena mano, nada se comparaba con el menudo de su mamá: se servía al menos dos veces cuando Doña Juany lo hacía.
Antes de llegar al edificio Latino en el centro de Monterrey, su cara está en el centro de un mural conmemorando a la víctimas de feminicidio del año. Brenda Damaris González Solís tiene una familia, un acta de nacimiento, un hijo y una vida que merece ser recordada en voz de su madre, Juany, que nos cuenta quién fue y qué nos deja.