La construcción de un artefacto narrativo que aplicó una fórmula casi mecánica para transformar la historia del arte y la religión en un parque de atracciones para millones, y la grieta persistente entre el entretenimiento masivo y la curiosidad genuina que ese mecanismo apenas logra disimular. Dan Brown monetizó exitosamente este mecanismo en un momento en el que las conspiraciones estaban al orden del día.