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A lo largo de la historia han surgido imperios de gran poder y esplendor, pero todos, sin excepción, han terminado desapareciendo. El reino de Cristo, en cambio, no comparte ese destino, porque no se sostiene en ejércitos ni en riquezas, sino en la autoridad eterna que Dios le ha conferido. Mientras los reinos de los hombres son pasajeros, el reino de Cristo permanece firme, inmutable y victorioso. No tiene origen humano ni límite temporal: procede de Dios mismo y está establecido para siempre sobre justicia, verdad y dominio eterno, asegurando esperanza y vida a todos los que le pertenecen.
By IglesiaelgranyosoyquitoA lo largo de la historia han surgido imperios de gran poder y esplendor, pero todos, sin excepción, han terminado desapareciendo. El reino de Cristo, en cambio, no comparte ese destino, porque no se sostiene en ejércitos ni en riquezas, sino en la autoridad eterna que Dios le ha conferido. Mientras los reinos de los hombres son pasajeros, el reino de Cristo permanece firme, inmutable y victorioso. No tiene origen humano ni límite temporal: procede de Dios mismo y está establecido para siempre sobre justicia, verdad y dominio eterno, asegurando esperanza y vida a todos los que le pertenecen.