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Dios, en Su soberanía eterna, ha determinado no solo el fin, sino también el tiempo y el medio por los cuales llevaría a cabo la redención plena de Su pueblo. La salvación no surge de la iniciativa humana ni del mérito del arrepentimiento, sino del decreto de Dios, quien estableció un plan perfecto que culmina en la obra del Mesías. En Cristo se cumple el propósito divino de poner fin al pecado, expiar la iniquidad y traer justicia eterna, demostrando que la redención es enteramente obra de Dios desde el principio hasta el fin. Por lo que, como hijos de Dios, podemos descansar con plena certeza en que su salvación está firmemente anclada en la voluntad soberana de Dios y en la obra consumada de nuestro Señor Jesucristo.
By IglesiaelgranyosoyquitoDios, en Su soberanía eterna, ha determinado no solo el fin, sino también el tiempo y el medio por los cuales llevaría a cabo la redención plena de Su pueblo. La salvación no surge de la iniciativa humana ni del mérito del arrepentimiento, sino del decreto de Dios, quien estableció un plan perfecto que culmina en la obra del Mesías. En Cristo se cumple el propósito divino de poner fin al pecado, expiar la iniquidad y traer justicia eterna, demostrando que la redención es enteramente obra de Dios desde el principio hasta el fin. Por lo que, como hijos de Dios, podemos descansar con plena certeza en que su salvación está firmemente anclada en la voluntad soberana de Dios y en la obra consumada de nuestro Señor Jesucristo.