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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2025
“CON JESÚS HOY”
Narrado por: Exyomara Avila
Desde: Bogotá, Colombia
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
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|| www.drministries.org ||
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06 de Diciembre
Estad preparados
«El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. [...] Por tanto, también vosotros estad preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis» (Mat. 24: 17-18, 44).
Aquel día la localidad de El Paraíso, enclavada en el municipio de El Paso, al sur de la isla española de La Palma, dejó de ser un paraíso y se convirtió de pronto en un verdadero infierno. Era el 19 de septiembre de 2021 cuando a las 14:13 horas estalló de pronto el volcán de Cumbre Vieja en una inmensa explosión de gases y fuego.
En la semana anterior a la erupción se habían producido miles de pequeños terremotos que sacudieron la hermosa isla canaria, anunciando que algo serio se tramaba en su subsuelo. Por fortuna las autoridades, alertadas por esas inquietantes señales, desplegaron desde el primer momento cientos de efectivos que consiguieron evacuar a tiempo, de sus casas y de los terrenos aledaños, a más de cinco mil residentes en previsión del peligro inminente que representaban las coladas de lava rápidamente hacia la costa.
Inmensas columnas de ceniza y gases mortíferos, además de ríos de magma incandescente, devastaron definitivamente casas, escuelas, talleres, iglesias, etcétera, borrando del mapa una bellísima zona cubierta hasta entonces de tranquilas viviendas y de esmerados cultivos de plátanos, que es como allí llaman a las bananas.
Cientos de personas fueron desalojadas de urgencia de sus casas, muchas de ellas sin tener tiempo para llevarse consigo ni sus más elementales pertenencias. Gracias a ello salvaron sus vidas todos los residentes de aquella localidad.
Nuestro texto de hoy forma parte de un pasaje de los Evangelios en el que Jesús advierte de la urgencia con la que los creyentes debían huir de la inminente destrucción de Jerusalén, que ocurriría unos lustros después (año 70), si querían salvarse de aquel terrible evento.
Para el creyente del siglo XXI, las peores calamidades que puedan ocurrir a nuestro hermoso planeta son otras tantas invitaciones a estar preparados en todo momento para lo que pueda ocurrir. Estar dispuestos a dejar atrás todo lo que podría atarnos a un mundo en peligro de muerte y arrastrarnos a una destrucción segura.
Porque se trata de hacer caso a las señales de alarma y de alertar a otros a estar preparados para el regreso de Cristo y, con este, para el fin del mal. Así que «cuando comiencen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra redención» (Luc. 21: 28, CTS).
Gracias, Señor, porque aferrado a tu gracia estaré preparado siempre.