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DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2026
“DIOS EN MI VIDA”
Narrado por: Tatania Daniela
Desde: Juliaca, Perú
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
07 DE SEPTIEMBRE DE 2026
LA AYUDA DE CADA DÍA
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Mateo 6:11
¿Quién te ayuda cuando despiertas con hambre, con sueño o con muchas cosas por hacer? Tal vez miras la mesa, la mochila o el reloj, y piensas en todo lo que necesitas para el día. Jesús conoce esas cosas pequeñas que para ti son importantes. Él sabe cuándo necesitas desayuno, una mano amiga, una idea para estudiar o fuerzas para seguir jugando sin pelear.
En casa y en la escuela, yo quiero hacer bien mi parte, pero no siempre me sale fácil. Me distraigo, me enojo si alguien toma mi lugar, o me impaciento cuando quiero resolver algo rápido. Entonces recuerdo que no estoy solo. Dios no solo me ve cuando oro; también me acompaña cuando llevo mi lonchera, cuando espero mi turno, cuando guardo mis juguetes y cuando escucho una instrucción en clase. Su ayuda de cada día es real y cercana.
Jesús nos enseñó a pedir: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Ese pan no es solo comida; también son las fuerzas, la paz y la sabiduría que necesito para vivir este día. Cuando oro así, le digo a Dios: “Señor, tú sabes lo que me falta. Dame lo necesario para hoy”. No necesito preocuparme por todo el mes entero. Puedo confiar en que el Padre cuida de mí paso a paso.
Hoy puedo empezar con una oración sencilla: “Jesús, gracias por lo que me das. Ayúdame a obedecer, a compartir y a ser amable”. Después, puedo mirar a mi alrededor y usar con alegría lo que recibí: mi comida, mi tiempo, mis manos y mi voz. Si Dios me ayuda cada día, yo también puedo ayudar a otros cada día. Él nunca se olvida de mí, y su cuidado me enseña a vivir con gratitud y confianza.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2026
“AQUÍ Y AHORA CON DIOS”
Narrado por: Mone Muñoz
Desde: Buenos Aires, Argentina
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
07 DE SEPTIEMBRE DE 2026
UN CORAZÓN QUE SIRVE
Sobrellevad los unos las cargas de los otros... Gálatas 6:2
¿Quién en tu vida necesita que le alivies un peso hoy, aunque sea con algo pequeño? A veces veo en mi salón a un compañero cansado, a mi hermano callado o a mi mamá apresurada, y descubro que servir no siempre empieza con un gran gesto. Empieza con notar. Con dejar el celular, escuchar de verdad, ayudar sin que me lo pidan, cargar una bolsa, explicar una tarea o guardar silencio cuando una palabra dura solo aumentaría la carga.
No siempre me nace hacerlo. Yo también quiero seguir con lo mío, terminar rápido, descansar o pensar solo en mis asuntos. Pero el corazón se vuelve más duro cuando vivo encerrado en mis propias preocupaciones. Servir rompe ese encierro. Me saca de mí mismo y me recuerda que pertenezco a una familia de fe donde el dolor ajeno no me debe resultar indiferente. Seguir a Jesús no es mirar desde lejos; es acercarme con compasión y manos dispuestas.
Gálatas 6:2 dice: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros...”. Esa frase me confronta, porque no habla de sentir lástima, sino de participar activamente en el peso del otro. Jesús hizo eso conmigo primero: cargó mi pecado, mi culpa y mi cansancio espiritual para darme vida. Cuando recuerdo su amor, entiendo que servir no es una obligación fría, sino una respuesta agradecida. En el reino de Dios, las cargas compartidas se vuelven lugares donde el amor se hace visible.
Hoy puedo vivir este llamado de forma sencilla: preguntar con sinceridad cómo está alguien, orar por un amigo que está luchando, colaborar en casa sin que me repitan la indicación, o defender con respeto a quien está siendo tratado injustamente. Esas decisiones pequeñas preparan un corazón útil en las manos de Dios. Pídele al Señor que te muestre una carga concreta que puedas ayudar a llevar. Cuando lo hagas, descubrirás que servir también sana tu propio corazón y te acerca más a Cristo.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA MUJERES EMBARAZADAS
“DULCE ESPERA”
Narrado por: Sirley Delgadillo
Desde: Bucaramanga, Colombia
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
07 DE SEPTIEMBRE
SEMBRANDO UN CARÁCTER PARA LA ETERNIDAD
Versículo del día: "El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio." Gálatas 5:22-23
Reflexión: La maternidad comienza mucho antes del nacimiento. Es durante estos meses cuando Dios invita a la madre a permitir que el Espíritu Santo transforme su vida. Cada día es una oportunidad para sembrar amor, paciencia y dominio propio, virtudes que fortalecerán el hogar donde crecerá el niño.
Ninguna madre es perfecta, pero todas pueden depender de un Dios perfecto. Cuando llegan el cansancio, la preocupación o la impaciencia, el Señor ofrece su fortaleza. Él desea ayudarte a responder con calma y confianza, recordándote que su gracia te acompaña en cada etapa del embarazo.
El mejor legado que puedes comenzar a construir hoy no es material, sino espiritual. Un corazón rendido a Cristo será una bendición para tu hijo durante toda su vida. Permite que Dios haga de ti una mujer cuya fe inspire a las generaciones que vendrán.
Oración: Señor, cultiva en mí el fruto de tu Espíritu. Enséñame a vivir con paciencia, amor y dominio propio. Que mi bebé encuentre en mí una madre que refleje el carácter de Jesús. Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA MUJERES 2026
“DIGNAS DE SU VOZ”
Narrado por: Sirley Delgadillo
Desde: Bucaramanga, Colombia
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
07 DE SEPTIEMBRE DE 2026
OJOS EN EL SEÑOR
A ti alcé mis ojos, a ti que habitas en los cielos. He aquí, como los ojos de los siervos miran a la mano de sus señores... Salmo 123:1-2
¿A quién levantas los ojos cuando el peso del día se acumula y tu corazón busca dirección? En medio de una conversación difícil, una decisión pendiente o un silencio que parece prolongarse demasiado, mi impulso suele ser mirar alrededor primero. Quiero una respuesta rápida, una señal clara, una salida que alivie la tensión. Pero el Salmo me invita a elevar la mirada antes de correr a resolverlo todo. Hay una dignidad serena en volver los ojos al Señor, como quien reconoce que no está sola ni desamparada, aunque la jornada siga exigente.
No siempre es fácil sostener esa mirada. Compiten la urgencia, la culpa, la expectativa ajena y el cansancio interior que me hace dudar de mi propia capacidad. En ese ruido, mi alma puede confundirse y comenzar a medir su valor por lo que logra, por lo que otros esperan o por lo que teme perder. Entonces necesito recordar que mi identidad no nace de mi rendimiento, sino de pertenecer a Dios. Cuando mi atención se dispersa, mi corazón se debilita; cuando la fijo en el Señor, recupero centro, calma y discernimiento para responder con sabiduría.
“A ti alcé mis ojos, a ti que habitas en los cielos”. Esa frase no describe un gesto religioso vacío; expresa dependencia confiada. Levantar los ojos es reconocer que Dios reina, que ve con claridad lo que yo apenas comprendo y que su mano no se mueve al azar. El salmista añade que los ojos de los siervos miran a la mano de sus señores, y en esa imagen descubro una lección preciosa: quien sirve con fidelidad aprende a esperar instrucciones, provisión y tiempo del Señor. Yo también puedo descansar en que su mirada no se aparta de mí, y que su dirección llega justo cuando necesito obedecer.
Hoy puedo practicar esa mirada en lo concreto: antes de responder, orar; antes de decidir, abrir la Escritura; antes de cargar más de lo que debo, entregar mi ansiedad al Dios que habita en los cielos. No necesito pelear por controlar cada escenario para estar segura. Necesito aprender a mirar al Señor con humildad y a moverme después con firmeza tranquila. Si él dirige mis ojos, también ordenará mis pasos. Y aun en una tarea común, una conversación tensa o una responsabilidad pesada, su presencia será suficiente para sostenerme y guiarme.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2026
“FUTURO EN MANOS DE DIOS”
Narrado por: Daniel Ramos
Desde: Connecticut, USA
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
07 DE SEPTIEMBRE DE 2026
CADA DÍA SUFICIENTE
Poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia. 2 Corintios 9:8
¿Sientes que lo que tienes hoy no alcanza para todo lo que viene mañana? Cuando miro mis estudios, mi trabajo, mis decisiones y mis relaciones, esa pregunta aparece con fuerza. Quiero tener claridad, recursos y fuerzas de sobra, pero el futuro no siempre se deja ver completo. Justo ahí nace la ansiedad: querer asegurar lo que todavía no llegó.
Esa presión puede hacerme creer que debo resolver todo por mi cuenta, como si Dios me diera solo una parte y yo tuviera que completar el resto con mis fuerzas. Entonces comparo mi proceso con el de otros, me inquieto por el dinero, por la carrera, por una puerta que no se abre, por una respuesta que tarda. El corazón se cansa cuando vive calculando lo que falta.
El versículo de hoy me devuelve al centro: poderoso es Dios para hacer que abunde en mí toda gracia. No dice que Dios me dará control absoluto, sino gracia suficiente para cada paso. Su gracia alcanza para la entrevista que me intimida, para el examen que me exige, para la decisión que no sé tomar, para la conversación que necesito tener con humildad. En sus manos, lo suficiente deja de ser escaso y se vuelve provisión santa.
Hoy puedo caminar con paz y responsabilidad. No necesito correr delante de Dios ni quedarme paralizado esperando señales perfectas. Puedo estudiar con disciplina, trabajar con honestidad, servir con alegría y orar antes de elegir. Si el Señor está conmigo, cada día trae la medida justa de gracia para obedecer, crecer y avanzar. Lo que venga mañana también estará en sus manos, y eso me basta para seguir adelante con esperanza.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026
“SABIDURÍA PARA EL CAMINO”
Narrado por: Exyomara Avila
Desde: Bogotá, Colombia
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
07 DE SEPTIEMBRE DE 2026
A TIEMPO Y FUERA DE TIEMPO
Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo... 2 Timoteo 4:2
¿Sabe usted cuándo debe hablar con firmeza y cuándo debe guardar silencio delante de Dios? En la vida adulta, esa pregunta aparece en la mesa de la casa, en una reunión de trabajo, en una conversación difícil con un hijo o en la tensión de una decisión que no admite más demora. No siempre recibimos el ambiente ideal para obedecer, ni la calma que quisiéramos para actuar. Sin embargo, el llamado del Señor no depende de que todo sea cómodo; depende de que su palabra llegue con fidelidad al momento que Él conoce.
Nuestra primera reacción suele ser medir las circunstancias, buscar aprobación o esperar una señal que quite toda incomodidad. Pero el corazón puede confundirse cuando la urgencia manda más que la comunión con Dios. Entonces postergamos lo correcto, hablamos de más, o callamos cuando debimos dar testimonio. El peligro no está solo en equivocarnos, sino en vivir guiados por el impulso y no por la convicción. La madurez espiritual aprende a distinguir entre la prisa humana y la voz serena del Señor.
Por eso Pablo le dijo a Timoteo: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo”. Esa instrucción no nació de la facilidad, sino de la fidelidad. La Palabra de Dios no depende de nuestras condiciones ideales para ser anunciada, aplicada o defendida. A tiempo, cuando la puerta está abierta; fuera de tiempo, cuando el corazón ajeno está resistente o el momento parece incómodo. El creyente no inventa la verdad ni la adapta al ánimo del día: la recibe, la guarda y la comparte con reverencia, confiando en que el Espíritu Santo hará su obra.
En mi hogar, en mi trabajo y en mi iglesia, necesito esa constancia. Debo aprender a hablar cuando la verdad edifica y a esperar cuando la prudencia aconseja silencio, sin dejar de ser fiel. Necesito orar antes de responder, consultar la Escritura antes de decidir y pedir consejo piadoso cuando mi visión se estrecha. Dios honra la obediencia perseverante, incluso cuando no veo resultados inmediatos. Si hoy me llama a actuar, que no me detenga el temor; si me llama a esperar, que no me venza la ansiedad. Su tiempo nunca llega tarde, y su palabra siempre llega con propósito.
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LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
III TRIMESTRE DEL 2026
Narrado por: Eddie Rodriguez
Desde: Guatemala, Guatemala
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
DOMINGO 06 DE SEPTIEMBRE
EL EJEMPLO DE JESÚS
El contexto de 2 Corintios 8 y 9 tiene que ver con el hecho de que Pablo animaba a los miembros de Corinto a recaudar fondos para las iglesias empobrecidas de Judea. Al parecer, ya se habían comprometido a hacerlo (2 Cor. 8:10-11; 2 Cor. 9:5; ver también 1 Cor. 16:1-4), pero los problemas de relación entre ellos y Pablo habían provocado complicaciones. Después de lidiar con estos problemas (2 Cor. 1-7), Pablo pasa ahora a la conclusión de esa tarea (2 Cor. 8-9).
Inicialmente, el apóstol apeló al ejemplo de los macedonios (2 Cor. 8:1-7), cuya extrema pobreza no les impidió desbordarse «en riquezas de generosidad» (2 Cor. 8:2). La pobreza y la generosidad pueden ir de la mano. Sin embargo, esta admirable generosidad de los macedonios no es más que una réplica de la generosidad de Jesús al entregarse por nosotros (2 Cor. 8:8-15).
Lee 2 Corintios 8:9. ¿Qué nos dice este pasaje acerca del ejemplo de Jesús?
La declaración de Pablo en 2 Corintios 8:9 es una de las más sorprendentes, poderosas y profundas de toda la Biblia. Él narra la historia de la misión de Jesús, pero con una increíble economía de palabras. Hay mucha teología aquí. Esta es la historia de la redención, pero en un solo versículo.
Aún más impresionante es que esta historia se relata usando lenguaje financiero. Sí, Jesús era rico. Su riqueza se refiere a su preexistencia en el cielo (Juan 17:5). Sin embargo, decidió hacerse pobre: renunció a la gloria celestial y vino a este mundo de aflicciones. Se hizo literalmente pobre (Luc. 9:58). Aunque era igual a Dios, «se despojó de sí mismo, tomó la condición de siervo y se hizo semejante a los hombres» (Fil. 2:7) y «al tomar la condición de hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2:8).
Jesús dio su propia vida para que pudiéramos vivir para siempre con él. Su ofrenda tenía como propósito nuestra salvación.
La mayordomía y la misión van de la mano. Los capítulos 8 y 9 de la segunda carta a los corintios cuentan la historia de una ofrenda monetaria en particular, pero esta historia se basa en Jesús. Durante esta semana, veremos los principios teológicos relacionados con la dadivosidad basados en la ofrenda que Cristo hizo de sí mismo.
Reflexiona sobre el nacimiento, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Cuando te das cuenta de que todo esto lo hizo por ti, para que puedas tener esperanza en algo que trasciende la miserable existencia presente, ¿cuál es tu reacción?
NOTAS DE ELENA
Material complementario de la escuela Sabática para adultos
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
DOMINGO, 06 DE SEPTIEMBRE
EL EJEMPLO DE JESÚS
Los que al final sean recibidos en el cielo como miembros de la familia real, deben aquí entregarse a sí mismos en cuerpo, alma y espíritu al servicio de Aquel que pagó el precio de su redención. Todo lo que tenemos y somos pertenece al Señor. "No sois vuestros», declara el apóstol; "porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios». 1 Corintios 6:19, 20...
¿Te has consagrado totalmente al Señor? ¿Puede él usarte como un vaso para honra? ¿Estás realizando tu parte fielmente en su causa? A cada hombre le ha asignado Dios su tarea. Espera que cada creyente coopere con él en la obra de salvar almas. Cuando su causa sufre por falta de recursos, ¿cómo puede alguien poner precio a sus servicios, negándose a tomar su cruz diariamente y a practicar la abnegación por Cristo?
El cumplimiento de la promesa de que seremos coherederos con el Señor radica en nuestra disposición a negamos a nosotros mismos. Cuando Cristo tome posesión de su reino, serán los que en esta tierra lo siguieron con renunciamiento y sacrificio los que recibirán la recompensa de la vida eterna.
El llamado de Cristo al sacrificio y a una entrega sin reservas significa la crucifixión del yo. Para obedecer este llamado debemos tener una fe incondicional en él como Ejemplo perfecto, y una clara comprensión de que hemos de representarlo ante el mundo. Quienes trabajen para Cristo han de hacerlo a la manera de él. Han de vivir su vida. Su invitación a una entrega incondicional ha de ser suprema para ellos. No han de permitir que vínculo o interés terrenal alguno les impida rendirle el homenaje de sus corazones y el servicio de sus vidas. Perseverante e incansablemente han de trabajar con Dios para salvar las almas que perecen del poder del tentador.
Los que están así relacionados con Cristo aprenden constantemente de él, al pasar por las etapas sucesivas de progreso en la experiencia cristiana. Se les presentan dificultades y perplejidades para que puedan conocer más perfectamente la voluntad y el camino de Cristo. Pero oran y creen, y por la práctica su fe aumenta.
"Llevad mi yugo sobre vosotros'', dijo Cristo, mientras con una naturaleza humana vivió y trabajó en esta tierra. Constantemente cargó el yugo de la sumisión, haciendo frente a las dificultades que los seres humanos deben enfrentar, soportando las pruebas que ellos deben soportar. El enemigo nos atacará permanentemente como lo atacó a Cristo, induciéndonos a grandes tentaciones. Pero hay una vía de escape para cada uno (Alza tus ojos, 9 de agosto, p. 233).
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2026
“DIOS EN MI VIDA”
Narrado por: Tatania Daniela
Desde: Juliaca, Perú
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
06 DE SEPTIEMBRE DE 2026
EL PATIO Y LA PAZ
Busca la paz, y síguela. Salmo 34:14
En el patio de la escuela, dos niños corren por la pelota y uno empuja sin querer a otro. Yo me quedo mirando, con ganas de seguir jugando sin meterme en problemas. En ese momento, el aire parece ponerse quieto, como si mi corazón también escuchara.
Cuando veo caras enojadas, me doy cuenta de que la paz no llega sola. No basta con decir “ya está” y seguir como si nada. Jesús me enseña que buscar la paz es decidir no responder con otro empujón, no gritar más fuerte y no guardar enojo en mi pecho.
El versículo dice: “Busca la paz, y síguela.” Eso significa que la paz se busca con pasos pequeños. Puedo hablar con voz tranquila, prestar la pelota, pedir perdón si hice mal, y ayudar a que el compañero se levante. Dios se agrada cuando elijo lo bueno, aunque sea más fácil pelear o irme corriendo.
Hoy puedo pedirle a Jesús que me ayude en el patio, en el salón y en casa. Si veo una pelea, puedo ser un amigo que calma, no que enciende más el enojo. Señor, enséñame a buscar la paz y a seguirla con mis palabras, mis manos y mis juegos.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2026
“AQUÍ Y AHORA CON DIOS”
Narrado por: Mone Muñoz
Desde: Buenos Aires, Argentina
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
06 DE SEPTIEMBRE DE 2026
PASOS DE OBEDIENCIA
Andad en todo el camino que Jehová vuestro Dios os ha mandado... Deuteronomio 5:33
Apago la alarma, tomo la mochila y reviso el cuaderno antes de salir con sueño hacia la escuela.
En ese momento tan común se revela una batalla silenciosa: seguir mis impulsos o caminar como Dios me pide. No siempre me cuesta obedecer en cosas grandes; a veces lo más difícil está en lo pequeño. Responder con respeto cuando me hablan mal, apagar el celular cuando debo estudiar, decir la verdad aunque me deje mal, elegir lo correcto aunque nadie me aplauda. Mis pasos diarios muestran qué voz estoy escuchando. Si dejo que mis emociones manden, termino caminando en círculos; si dejo que Dios me guíe, encuentro un rumbo firme incluso cuando el día se complica.
Por eso el llamado de Deuteronomio 5:33 me toca tan de cerca: “Andad en todo el camino que Jehová vuestro Dios os ha mandado...”. No dice “solo cuando sea fácil” ni “solo cuando me convenga”. Dice en todo el camino. Eso incluye la casa, la sala de clases, el recreo, el chat con amigos y el momento en que nadie me ve. Dios no pide obediencia parcial, porque su camino no es una lista pesada, sino una senda de vida para mis decisiones diarias. Cuando obedecer me parece cuesta arriba, recuerdo que Él me está enseñando a caminar con Él, no a caminar solo.
Hoy puedo dar un paso concreto: decidir una cosa que sé que agrada a Dios y hacerla sin retrasarla. Puede ser pedir perdón, ordenar mi tiempo, hablar con honestidad o dedicar unos minutos a la oración antes de abrir el celular. Cada paso fiel, aunque sea pequeño, fortalece mi fe y me acerca más a Jesús. Él sigue guiando mi camino aquí y ahora, y cuando le obedezco, descubro que sus mandamientos no me alejan de la alegría, sino que me enseñan a vivir con propósito y confianza.
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Podcast para el crecimiento espiritual de toda la familia.