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DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2026
“FUTURO EN MANOS DE DIOS”
Narrado por: Daniel Ramos
Desde: Connecticut, USA
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
05 DE JULIO DE 2026
HECHOS CON PROPÓSITO
Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. 1 Corintios 10:31
¿Estoy estudiando, trabajando y decidiendo solo para mí, o para algo más grande que mis planes? Esa pregunta aparece cuando tengo que elegir una carrera, aceptar un empleo, responder un mensaje importante o decidir en qué invierto mi tiempo. En esta etapa, casi todo parece una puerta abierta o una puerta cerrada, y la presión por acertar puede sentirse enorme. Pero el llamado de Dios no me deja atrapado en la ansiedad de “hacerlo bien” para impresionar a otros; me invita a vivir con propósito.
No siempre es fácil. Quiero avanzar, ser competente, tener estabilidad, y también temo equivocarme. Comparo mi ritmo con el de otros, me frustro si algo se retrasa y me pregunto si mi vida va quedando atrás. En ese ruido interior, el corazón puede perder el rumbo y convertir cada decisión en una carga. Sin embargo, Dios no me pide controlar el futuro; me pide caminar con fidelidad en el presente. Allí, en lo cotidiano, se forma el carácter que sostiene cualquier proyecto.
Por eso 1 Corintios 10:31 me aterriza con fuerza: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. Todo incluye lo que nadie aplaude: estudiar con disciplina, trabajar con honestidad, descansar sin culpa, hablar con respeto, administrar el dinero con prudencia y servir con alegría. La gloria de Dios no depende de tareas “espirituales” solamente; también se revela en cómo respondo un correo, cómo trato a un compañero, cómo enfrento una entrevista o cómo cuido mis hábitos cuando nadie me ve.
Vivir con propósito no significa tener respuestas perfectas, sino entregar cada paso a Cristo y pedirle dirección real. Hoy puedo estudiar como adoración, trabajar como testimonio, relacionarme con pureza y planificar con oración. Puedo preguntarme antes de decidir: ¿esto honra a Dios?, ¿me ayuda a ser más fiel?, ¿sirve a otros?, ¿fortalece mi fe? Cuando dejo que Él gobierne mis manos, mi mente y mis metas, el futuro deja de ser una amenaza y se convierte en un lugar donde su nombre puede ser visto, oído y amado.