DEVOCIÓN MATUTINA VESPERTINA
“SALMOS”
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
13 DE NOVIEMBRE
SALMO 89:20-22
«Mi mano siempre lo sostendrá; mi brazo lo fortalecerá» (SAL. 89:21).
Creo que en más de una ocasión todos hemos sentido temor o miedo, ante una situación médica, o ante un peligro inminente, un accidente, un error en el trabajo o alguna amenaza. Lo inesperado nos causa un gran temor, nos asusta, inquieta y nos deja temblando. Pues bien, la lectura de hoy nos habla de cómo, en medio de una larga historia de experiencias vividas, el pueblo de Israel pudo experimentar de manera consistente el fiel cuidado de Dios. Y en el momento apropiado, Su ayuda se hizo patente a través de un líder, David, quien fue tomado por Dios, de su trabajo como pastor de ovejas, para llevarlo a pastorear toda una nación.
Pero ¿cómo lo hizo? Lo primero que observamos es que lo halló y lo ungió de una forma santa, es decir, le dio un llamado especial y lo separo para tal propósito.
Esto hizo el Señor con nosotros cuando en nuestra vida todo se complicaba, nos halló y nos dio un llamado a la santidad. Luego, en el caso de David, Dios hizo dos acciones importantes: Su mano estaba con él y Su brazo lo fortalecía. Brillantes ejemplos para mostrar fuerza y confianza. Así es Dios con nosotros, nos toma de la mano para acompañar nuestros pasos, y extiende Su brazo para sostenernos y darnos fuerza. Siendo así, resulta muy diferente la forma de enfrentar la vida, caminando de Su mano y contando con Su fuerza para la jornada de cada día.
Esta lectura termina diciendo de David que su enemigo no lo sorprenderá, ni el malvado lo quebrantará. Así es, ni sorpresas, ni quebrantos. La palabra usada para sorprender encierra el significado de descarriar, engañar o seducir, así que va más allá de una sorpresa; es la capacidad que Dios da para evitar algo que nos haga desviarnos del camino definido por Él para nosotros.
En cuanto a la palabra «quebrantar», su significado original incluye el despreciar, intimidar o deprimir, aun deshonrar, debilitar y humillar, entre otras. Así que, veamos cómo Dios se ocupa de nuestros más hondos y oscuros temores, como la intimidación o la depresión. Y todo, ¿gracias a qué? A ser hallado y ungido, a contar con una maravillosa compañía y un brazo que fortalece y sostiene. Eso hace el Señor Jesucristo cuando acudimos a Él.
Dios está interesado en tu vida y te puede llevar a ser de gran bendición para otros. No temas, confía, Su brazo poderoso te sostendrá, para que no haya enemigos que causen temores ni quebrantos que sorprendan tu vida.