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LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
II TRIMESTRE DEL 2026
Narrado por: Eddie Rodriguez
Desde: Guatemala, Guatemala
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
JUEVES 11 DE JUNIO
VER A JESÚS
¿Has deseado alguna vez ver a Jesús cuando estabas desanimado? He aquí la experiencia de alguien que tuvo ese privilegio.
“Me veía estando sentada en abyecta desesperación, con mi rostro entre mis manos, reflexionando así: Si Jesús estuviera en la Tierra, iría a él, me postraría a sus pies y le contaría todos mis sufrimientos. No me rechazaría. Tendría misericordia de mí, y yo lo amaría y lo serviría por siempre. En ese momento se abrió la puerta y entró un personaje de forma y aspecto hermosos. Me miró con compasión, y me dijo: ‘¿Deseas ver a Jesús? Él está aquí, y puedes verlo si deseas hacerlo. Toma todo lo que posees y sígueme’.
“Oí eso con gozo indecible, y alegremente recogí mis escasas posesiones, cada baratija atesorada, y seguí a mi guía. Me condujo a una escalera empinada y aparentemente frágil. Cuando comencé a subir los peldaños, él me advirtió que mantuviera mis ojos fijos arriba, no sea que me mareara y cayese. Muchos otros que estaban subiendo por la empinada escalera caían antes de llegar a la cima.
“Finalmente llegamos al último peldaño y nos detuvimos ante la puerta. Allí el guía me indicó que dejase todas las cosas que había llevado conmigo. Lo depuse todo alegremente; entonces él abrió la puerta y me invitó a entrar. En un momento estuve delante de Jesús. No podía equivocarme con respecto a ese bello rostro. Esa expresión de benevolencia y majestad no podía pertenecer a otro. Mientras su fija mirada se posaba sobre mí, supe de inmediato que estaba familiarizado con todas las vicisitudes de mi vida y todos mis íntimos pensamientos y sentimientos.
“Traté de protegerme de su mirada fija, sintiéndome incapaz de soportar sus ojos escrutadores, pero él se me acercó con una sonrisa y, posando su mano sobre mi cabeza, dijo: ‘No temas’. El sonido de su dulce voz estremeció mi corazón con una felicidad que nunca antes había experimentado. Estaba yo demasiado gozosa para pronunciar una palabra, pero, abrumada de felicidad inefable, caí postrada a sus pies. Mientras yacía allí indefensa, pasaron ante mí escenas de gloria y belleza, y me pareció haber alcanzado la seguridad y la paz del Cielo. Por último, recobradas las fuerzas, me levanté. Todavía estaban sobre mí los amorosos ojos de Jesús, cuya sonrisa llenaba de alegría mi alma. Su presencia me llenaba de santa reverencia y un amor inexpresable. [...]
“Este sueño me dio esperanza [y] fe [...], y en mi alma sumida en la ignorancia comenzó a amanecer la belleza y la simplicidad de confiar en Dios” (Elena de White, Primeros escritos, pp. 110–112).
En medio de los reveses de la vida, debemos centrarnos en Jesús y en lo que él nos revela acerca de cuánto nos ama Dios.
¿Qué esperanza puedes extraer de lo que está escrito en Romanos 8:18 y 28?