DEVOCIÓN MATUTINA VESPERTINA
“SALMOS”
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
17 DE AGOSTO
SALMO 137:7-9
«Señor, acuérdate de los edomitas el día en que cayó Jerusalén. “¡Arrásenla —gritaban—, arrásenla hasta sus cimientos!”» (SAL. 137:7).
«Dame fuerzas, vida e inteligencia para realizar mi propia venganza». Así oraba antiguamente un idólatra, un pagano adorador de baales y falsos dioses.
Llevar a cabo su propia venganza era un derecho y un deber para cualquier hombre, clan, tribu o nación del Oriente Medio Antiguo. Hoy, nosotros, que habitamos en un contexto sociocultural que ha tenido la constante influencia, por más de dos mil años, de la fe en Cristo y de la ética judeocristiana en su mentalidad e instituciones, podemos tener dificultades para entender ciertas expresiones de los salmos que nos parecen crueles, sanguinarias y vengativas.
Pero la verdad es que si ignoramos la oscuridad religiosa, ética y cultural que gobernaba en los tiempos en los que oraciones como la del Salmo 137:7-9 fueron pronunciadas, no entenderemos la luz que estas irradian. La verdad es que solo desde la comodidad egocéntrica e indolente, una persona del siglo xxi podría arrugar la nariz con insoportable auto-justicia ante estas plegarias, que no son otra cosa sino oraciones de un pueblo que ha sufrido opresión sanguinaria.
La historia bíblica nos relata que los babilonios tomaron a los niños de los judíos y los reventaron contra las rocas cuando el pueblo ya se había rendido, sus soldados estaban muertos y solo sobrevivían un puñado de famélicos civiles. Los edomitas, por su parte, no solo presenciaron desde las montañas estos actos de crueldad, sino que los celebraron con danzas. Todo esto ocurrió mientras transcurría el siglo viii antes de Cristo. No había corte internacional de La Haya a la cual acudir ni ONU a la cual pedir intervención; solo tenían la oración. A nosotros, habitantes de la era del escepticismo, la oración nos puede parecer poco, pero para ojos que miran con fe al Dios verdadero, es más que suficiente. Porque el Señor que se revela en los Salmos no es un diosecillo falso, tribal ni caprichoso: es el creador, dueño de todas las naciones, justo, omnipotente y soberano de la historia.
Ante este Dios, único y verdadero, los judíos hacen algo verdaderamente escandaloso para su época: aunque sus corazones pecaminosos y débiles están sedientos de venganza, ellos renuncian a vengarse. En estas oraciones, ellos sueltan aquello que era considerado su justo derecho y piden que Dios ejecute Su juicio justo.
Oremos estos salmos para arraigar en nosotros la enseñanza de Jesús y del Nuevo Testamento, ya que solo los que han dejado al Señor la venganza y han renunciado a vengarse ellos mismos pueden ser libres para dar un vaso de agua al enemigo cuando tiene sed. Aprendamos a orar salmos como este hasta que nuestro corazón descanse en la verdad que la venganza es del Señor, Él pagará, no nosotros. Solo entonces podremos amar sin ataduras a nuestros enemigos, incluso a los más violentos, sanguinarios e impenitentes, ya que habremos rendido nuestra voluntad al santo Juez del universo: el único digno de tomar la justicia en Sus manos.