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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026
“SABIDURÍA PARA EL CAMINO”
Narrado por: Exyomara Avila
Desde: Bogotá, Colombia
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
07 DE JUNIO DE 2026
CRITERIO DEL REINO
Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. 1 Corintios 10:31
Entre la urgencia del momento y la calma de la conciencia, mi corazón aprende a elegir qué voz seguir. En la casa, en el trabajo o frente a una decisión que pesa, no siempre puedo detener el tiempo; sí puedo detenerme yo y preguntar para qué estoy viviendo esto. No basta con hacer lo correcto en apariencia, ni con resolver el asunto más rápido. El reino de Dios me llama a mirar más alto, a dejar que cada gesto tenga un propósito santo.
Con frecuencia quiero medir mis pasos por conveniencia, por costumbre o por el alivio inmediato que prometen. Sin embargo, el alma se inquieta cuando sé que una decisión puede parecer útil y aun así no honrar al Señor. Dar una respuesta dura, administrar mal el dinero, callar una verdad necesaria o actuar por orgullo deja una huella que el tiempo no borra con facilidad. La madurez espiritual no consiste en no sentir presión, sino en no rendirse a ella. Consiste en aprender a preguntar, incluso en silencio: ¿esto refleja el carácter de Cristo?
El apóstol Pablo resume con sencillez lo que tantas veces complico: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” No existe una zona neutra donde mi fe pueda descansar mientras el resto de la vida queda fuera del alcance divino. Comer, trabajar, hablar, administrar, corregir, esperar: todo puede convertirse en adoración cuando lo entrego a Dios. Esta palabra me recuerda que la gloria del Señor no depende solo de mis cultos, sino también de mis decisiones pequeñas y repetidas.
Hoy puedo pedirle al Señor un criterio limpio para escoger con fidelidad. Si debo hablar, que mis palabras edifiquen; si debo callar, que no sea por cobardía sino por sabiduría; si debo avanzar, que lo haga sin traicionar la verdad. En el hogar, en la iglesia y en mis responsabilidades diarias, glorificar a Dios significa obedecerle con integridad cuando nadie aplaude. Él no me pide perfección autosuficiente, sino una vida rendida. Y cuando camino así, aun sin entender todo el trayecto, sé que sus pasos firmes me sostienen y su paz guarda mi corazón.