DEVOCIÓN MATUTINA VESPERTINA
“SALMOS”
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
01 DE AGOSTO
SALMO 90:12
«Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría» (SAL. 90:12, LBLA).
Probablemente este salmo fue escrito por Moisés y su trasfondo provenga de Números 20. Moisés, Aarón y Miriam habían trabajado juntos por 40 años, y Moisés, había visto a ambos morir. Al reconocer que su muerte era inminente, esta reflexionando sobre la brevedad de la vida.
Moisés veía que la vida era incierta y sin permanencia. Debido a la relación especial que él tenía con Dios, Moisés entendía que Dios era el fundamento de todo y las personas ancladas en Él tenían seguridad eterna. Él miraba al futuro: «Porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios» (Heb. 11:10, LBLA) y nos enseña a «no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas» (2 Cor. 4:18, LBLA).
Nuestro Dios es estable y eterno, mientras el hombre es débil y su vida terrenal es breve. La única forma de vivir una vida abundante y tener un impacto en el mundo es vivir todos nuestros días enfocados en Dios. Como seres humanos, cuando morimos, somos olvidados; el único que no se olvida es a Dios y Sus obras; por tanto, solamente lo que hacemos para Él permanecerá como un logro eterno.
Los que son del mundo viven para su propio reino, para su propia fama y con el afán de acumular todo lo que puedan para vivir una vida cómoda, sin embargo, toda esa comodidad se queda al morir. Por esta razón el Señor nos manda: «No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulaos, tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban» (Mat. 6:19-20, LBLA).
Moisés vivió ambas caras de la moneda. Primero disfrutó toda la riqueza imaginable como nieto de Faraón, y luego vivió como alguien sin ningún bien material que el mundo ofrece. Él huyó a Madián por su pecado y dejó su fama atrás. Probablemente su vida allá no fue cómoda, sino más bien tranquila. Al regresar a Egipto después de 40 años, él era un desconocido. La fama no duró lo suficiente. Por obedecer a Dios, Moisés tuvo muchas dificultades, primero con Faraón y luego al pasar tantos años en el desierto con un pueblo quejumbroso. Él no tenía dinero, bienes, reconocimiento ni comodidad, sin embargo, por generaciones, él no solamente ha sido el héroe de los judíos, sino de los cristianos también. ¡Lo que hacemos por Dios pasa la prueba de tiempo!
Entonces «despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe» (Heb. 12:2, LBLA).