No importa donde te encuentres, en un hospital, en el valle, en la montaña, en una cárcel allí te encontrara el Señor.
Así que, en lugar de escondernos, debemos buscar a Dios de todo corazón, confiando en que su amor siempre nos alcanzará y nos guiará de vuelta a él. No importa cuántasveces caigamos, su amor es constante y eterno, siempre dispuesto a encontrarnos y abrazarnos.