Tú, de pie dándome la espalda. Me aproximo hacia ti con un leve impulso de mi boca un susurro se me escapa ¡te deseo! Con mi mano derecha acaricio tu cuello, tan lento que cada vello de tu cuerpo se estremece. Besos cortos de mis labios aterrizan en tu piel. Voy desnudando a dos manos tus hombros. Te despojo de tu blusa y tus encantos me abruman. Apresuro el aferrarme a ellos con tanta ansiedad que recuerdo cuando era un infante y de ellos no me quería soltar ¡que bellos se miran! ¡Una verdadera maravilla! Quiero beber de esa fuente de placer...