Ancha es mi casa

…de estas vacaciones de fuego y pena


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(…)

Y lo peor no es ya que esta ola incendiaria haya dejado hasta el momento cuatro muertos y casi 400.000 hectáreas calcinadas. Lo peor es que tampoco parece que vayamos a aprender nada. Esta vez hemos constatado de nuevo que España no está preparada para situaciones extremas y que la gestión nacional de emergencias deja mucho que desear. Sabemos por el diario El Mundo que Gobierno y comunidades autónomas necesitaron un fin de semana entero y 14 correos para coordinar los envíos de medios y que el grueso de los medios estatales, autonómicos y europeos no empezó a llegar al terreno de forma fluida hasta el domingo 17, cuando el fuego ya llevaba una semana fuera de control.

Y sabemos que el Gobierno no se decidió a tomar el control y que las tres regiones más devastadas, las tres del PP, tampoco le pidieron que lo hiciera. Primero porque nadie conoce mejor el propio territorio y los recursos disponibles que el propio gobierno autonómico afectado. Y segundo, porque no existe, no existe ni de broma, el grado de confianza mínimo para traspasar competencias a Moncloa en una crisis con semejante potencial político. Y el problema es que recurrir a la descalificación recíproca mientras el monte arde es gasolina para la desafección. Ahonda el descontento social y la sensación de que España es no un Estado fallido, pero sí un Estado ausente, un laberinto de espejos donde juegan los políticos y donde los ciudadanos no se reconocen. Por eso hubo vecinos que desoyeron las órdenes de evacuación y se pusieron a apagar los fuegos con sus manos por su cuenta y riesgo porque están acostumbrados a la autogestión, porque hace tiempo que se sienten abandonados en las zonas rurales y porque no esperan mucho de sus autoridades.

Y cuando el personal no se fía de la verdad oficial o cuando se usa la ciencia para hacer bandos en vez de pedagogía, entonces triunfa la conspiranoia. Hay gente sensata dando pábulo a la teoría  de que existe un plan secreto urdido por élites maquiavélicas para quemar España. La verdad es más prosaica y menos «peliculera». La verdad es que la mayoría de los incendios sí son provocados, pero no adrede. La mayoría se deben fundamentalmente a negligencias y luego están los pirómanos, sí, los tarados que son una minoría, y los calculadores. Pero sin el calor y la sequedad propiciadas por el calentamiento global, el fuego del incendiario no se propagaría como se ha propagado. Y sin el abandono de la ganadería y de las tareas de limpieza del monte tampoco, porque la verdad no es binaria, admite varias causas a la vez. Y la verdad también es que este gobierno débil se parapeta sistemáticamente en las autonomías como si España fuera un Estado confederal. Y no lo es.

Jorge Bustos, El monólogo de las 6H, 24/8/25

 

Doy fe de lo que puede darse desde la España olvidada.

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Agosto en Las Médulas. Guillermo Galván (Vetusta Morla)

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